domingo, 10 de marzo de 2013

Dover: tan duras como el más duro de los...

Ayer fui al concierto de Dover con dos miedos: que en el retorno al jebi del grupo se notase que era fingido y/o que yo no conectara, después de tantos años, con el grupo que me hizo saltar como loco allá por los 90. Pero fue empezar el concierto, rodeado de treintañeros e incluso veinteañeros (muchas chicas, por cierto), y me olvidé de todo con el subidón que sentí al instante. Aquello sonaba de maravilla (es el mejor sonido de un concierto de jebi que recuerdo) y el grupo estaba entregado, carismático, mejor que nunca. A la delgada Cristina se la reconocía por esa mirada desafiante que echaba de vez en cuando y los escupitajos sutiles que soltaba, la voz muy bien, y la actitud muy cañera, pero costaba pensar que era la misma persona sobrada de kilos que uno había visto años atrás. Todo lo contrario que su hermana Amparo por la que el tiempo no ha pasado en absoluto, yo diría que está hasta más sexy. El batería, como siempre muy bueno y efectivo, no me lo imagino en la etapa ñoñi... Y el bajista "impostor" que yo pensaba que ni sabía tocar me demostró que sabía estar en su lugar y que tocaba cojonudamente.
Yo me lo pasé genial aunque he de reconocer que a los 90 minutos me empezaron a fallar las fuerzas y  me largué con el buen recuerdo, mientras el concierto seguía. Los años...


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