martes, 4 de octubre de 2011

Carta en el Popular 1 de Octubre

Me ha publicado esta carta en la revista Popular 1 de este mes, quieras que no me hace ilusión. La copio a continuación.

Detengo la lectura del Popular 1, levanto la mirada y observo un rato el desfile que se produce frente a mí: cuerpos ancianos, con sus cicatrices y flaccideces, que harían pasar desapercibido al mismísimo Keith Richards en tanga, me hacen reflexionar sobre la vida, el Rock and Roll y El Primo Lejano de Paul Stanley, éste último y en momentos más cotidianos, mi vecino.
Y es que septiembre en la playa de Levante de Benidorm siempre me ha hecho reencontrarme con esta revista. Y es en momentos como este cuando repaso cómo yo, una persona normal, acabo leyendo el No Me Judas, las cartas de los lectores, descubriendo algún grupo nuevo, etc.
Para la explicación del aparente misterio nos tenemos que remontar al año 1997. Fue entonces cuando se instaló en la vivienda frente a la mía. No recuerdo la primera conversación con El Primo Lejano, seguro que hablamos de Rock and Roll, pero lo que nunca olvidaré fue nuestro segundo encuentro. Me invitó a su casa a ver “una cosa que me iba a gustar”. Me senté en su salón frente a la tele y, sin mediar palabra, él le dio al play. Y aparece un paisano en pelotas, autolesionándose, meando al público, cagando en el escenario y... Sí, era un concierto de G.G. Allin y mi vecino recién presentado me lo mostraba con el rostro lleno de satisfacción.
A pesar de ese primer encuentro empezamos a tener un contacto musicalmente intenso. El Primo Lejano no deja de ser un tipo amable y educado a pesar de estar, a mi pobre entender, como una cabra. Además, posee una colección de discos y rarezas rockeras muy interesantes, sobrepasando el coleccionismo más enfermizo. Recuerdo una de nuestras primeras conversaciones sobre AC/DC, mi banda favorita de siempre. Se me ocurrió decirle que no tenía el Fly on the Wall en CD porque me parecía una mierda y bastante hice con comprar en su día el vinilo. Entonces él me dijo directamente que yo no era un fan de verdad, que yo era un fan de mierda. De nada sirvió mostrarle las fotos de mi encuentro y charla con Angus Young. Él tenía razón: soy un fan de mierda.
Y así fueron pasando los meses y así, gracias a su infinita cabezonería, consiguió sacarme de mi estado estático-melancólico (me acababa de divorciar) y me arrastró hasta Jerez donde acabamos con el mismísimo Iggy Pop revolcándose a nuestros pies (la foto que hicimos entonces creo que se publicó en esta revista). Y así llegué a conocer a grupazos como los Rock City Morgue (¡inmensos en concierto!), Supagroup o Southern Culture on the Skids, por poner solo tres ejemplos.
Y tras cientos de anécdotas y cientos de encuentros con los más variopintos personajes del mundo del Rock and Roll, me encuentro aquí apalancado bajo una sombrilla y de nuevo frente al Popular 1. Pues quiero que se sepa: me he puesto de pie, he alzado mis brazos y he gritado: ¡¡¡ Larga vida a los adoradores del rock and roll !!!

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